lunes, 1 de junio de 2009

Súcubo

Justamente fue en esta habitación de hotel donde hace mucho tiempo entendí que solo yo te quise, y aun hoy te sigo queriendo.
Recuerdo la noche que te vi por primera vez,  fue precisamente en la entrada de este hotel, tú necesitabas fuego yo un cigarrillo.
Le acerqué mi fosforera encendida. Sorbió un poco de humo y abrió una hermosa caja de plata –Toma uno y gracias por el fuego- el humo se deslizaba sensualmente fuera de su boca mientras la brasa del cigarrillo crepitaba.
Quise saber donde vivía y aproveche que la calle estaba casi desierta -si gustas puedo llevarte a tu casa-le dije en tono casi de ruego.
-No te preocupes- dijo ella –Se cuidarme mejor de lo que crees- y una sonrisa corrió por la comisura de sus carnosos labios. Fue la primera vez que  vi; su bien marcada elegancia europea, su  exuberante cuerpo, sus hermosos rizos tan negros como esa noche; y no pude apartarla nunca más de mi pensamiento.
Sigo revisando esta habitación en busca de algún rastro que me lleve hasta ti. Encuentro un pequeño libro de pasta amarilla en el librero cerca de la ventana.
Esta zona ya no es lo que era, veo el parque por la ventana, ahora es guarida de ladrones pero me acuerdo lo hermoso que estaba el día que te encontré en el piso
Estaba paseando por el parque cuando de pronto -¡ayayay! ¡Estúpidos tacones!- Era un  grito de mujer y provenía de cerca.
Cautelosamente pregunte-¿Quien  está por ahí?- buscando la procedencia del grito. Y la vi, en el piso.  Un libro de tapa amarilla estaba  cerca de ella –¿esto es tuyo…?- hice una pausa esperando a que me diga su nombre mientras le acercaba el libro.
Tomó el libro  y lo acerco a su corazón -este libro me es muy  querido, es como parte de mi vida- y vuelve a lanzarme esa sonrisa que me hipnotizaba –Me llamo Mina, por cierto-y la ayude a incorporarse 
–parece que estas lastimada, déjame llevarte hasta tu casa- insiste en parte por preocupación y en parte porque no quería dejarla escapar. Ella me mira y note que su piel pálida contrastaba con su presencia sexual.
-Tomare un taxi, tranquilo siempre lo hago- me dijo Mina -Pero me gustaría verte la próxima semana- guiñándome  un ojo y con voz sensual siguió hablando –a media noche- tan pronto como termino de decir eso asentí con la cabeza  y ella se fue en busca un taxi
Sigo registrando nuestra habitación y encuentro un periódico donde se habla de una ola de desapariciones de taxistas que  ocurrió hace 50 años. La fecha coincide con el día en que nos vimos por última vez; fue en esta precisa habitación.
Estuve ahí la noche acordada Conversamos en el parque y después me invitaste a este lugar. Tomamos un vino tinto y sin darme cuenta estaba en su cama, semidesnudo  y Mina tenías un liguero negro de encajes.
Medio ebrio y muy enamorado; acostado sobre sus piernas; mientras  besaba mi cuello le dije –eres un ángel, ya que los ángeles solo tienen el nombre-. Ella rio con una sonrisa sombría –estas completamente equivocado- dijo    -no soy un ángel sino todo lo contrario- y emitió rugido que heló mi sangre.
Parecía disfrutar de mi miedo  –mi apellido es Harker- y sin previo aviso mordió mi cuello. Sentí como mi vida se escapaba mientras Mina la succionaba
Hablando con una voz cada vez mas apagada, dije -detente yo te amo- .

 

La puerta se abrió de golpe y dos brillos resplandecieron -¡alto hay! ¡No te muevas o disparamos!- eran dos hombros con unas armas plateadas.
Soltando mi cuello aquel vampírico ser  los miro. Luego me susurro –eres solo una comida que quedo interrumpida- luego aquella  criatura saltó por la ventana.
El hombre más joven se acerco donde estaba tendido -Está mal herido debemos llevarlo- indico él. Tenía una pistola plateada y alguna cosa de cobre que colgaba de su cuello

-Ya está muerto- dijo la otra persona sin moverse de la puerta. -si no bebió toda su sangre la mordida lo matara- ingreso a la habitación y vi a un hombre entrado en sus cincuenta. Tenía una ballesta y una especia de medallón, alcance a ver esto:

medallon

Aquel hombre mayor me levanto y saco de ahí –este morirá antes que el sol aparezca-  dijo con una sentenciosa voz.
Yo quería morirme pero el joven dijo –nunca nadie se ha salvado pero esta podría ser la excepción- decidí ser el primero que viviría, viviría para liberarte de tu carga, de tu maldición.
Sobreviví el primer día, y el segundo y así hasta hoy. No dejé que me venciera el virus le gane porque te amo y te ayudare.
Gracias por el regalo que me diste aquel día, han pasado 50 años pero para mi cuerpo parece que solo hubiera sido 5 años, tengo agilidad, fuerza  y sentidos agudizados. Solo debo gastar cinco veces más dinero en comida ya que no sufro de la sed de sangre.
–Te tengo- encontré lo que buscaba tu mapa con tus rutas de alimentación, esta vez podre hacerlo. Una lagrima rueda en mi majilla, es por ti –lo hare no por venganza sino por amor Mina, aun cuando no me ames- este amor duele y dolerá aun después de tu liberación.
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