martes, 19 de abril de 2011

Reflejo sin luna

El mar sisea un suave susurro
y mi apacible alma se subleva
mientras miles de fuegos fatuos
exhalan su primer y ultimo suspiro.

Mi corazón ton, ton, ton… Embrujado;
vacila, al son de la salsa, su patín.
De una intangible y gris cortina sale ella;
cada paso suyo lleva sabor a mar.

Sirena de tierra, baila, graciosa y sensual
y sus escamas, lentejuelas rubí, hipnotizan.

Y este; mi yunta, mi naufrago corazón
me lleva, a insulto pelado, sin mi permiso
hasta la perdición de tu cuerpo acogedor,
de tus labios de agua salada.

Naufrago; mueres extasiado, exhausto
y a la mañana siguiente como un Cristo
revives; sin posesiones, sin pecados; solamente
con tu alma apacible, resignado.
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