viernes, 14 de octubre de 2011

El ocaso de los dioses

Mientras el gran Febos se acuesta

la negra túnica cubre el mar celeste

y los héroes observan desde el cielo.


El dios náutico regala una brisa refrescante

aliviando las calientes noches del puerto

y las hileras de luces, luciérnagas eléctricas,

crean nuevas constelaciones en la tierra.


Los desterrados del reino de Oniros vagan

por el hermoso paisaje; rio y tierra unidos;

Selene refulge de emoción mientras observa

como la noche se apodera de la perla.


El Santa Ana con la alfombra luminosa

guía a los bohemios y trasnochados

a las diversas capillas de Baco

para divertirse u olvidar con el blondo narcótico.


El gran ciclope observa todo desde lo alto;

la cima del Santa Ana que, como Titán,

es el Prometeo de esta ciudad pues la formó,

le dio el fuego, la muerte y el renacimiento.

La palabra Prohibida

No puede entender esta turbacion impostada;

mi agitación al mirarte, mis nervios al acercarme;

al aspirar el verde bouquet de tu cuerpo.


Ningún licor es capaz de liberar mi voz

y confesarte este sufrimiento apetecible,

la incógnita de saber qué puebla tu mente;

si me abrirás tus brazos o condenarás mi utopía

cuando trate de decir la palabra prohibida.


No existen sustantivos, verbos, adjetivos,

no se han creado palabras que describan

aquella belleza que posees y das al mundo

en tu hermoso idioma lirico, musical.

Tu carácter de un matiz delicado y suave

tu mirada acogedora; cálida y candorosa;

y tu voz armoniosa como de ruiseñor

que causa un dulce embeleso.


Difícil describirte, si tu imagen en mi recuerdo

no deja que llegue el descanso a mi cuerpo,

que mi alma se agite y el corazón lata

al compas de las hermosas vibraciones de tu vida.


Cómo describir la belleza de tu azabache crin,

si Afrodita con toda su olímpica belleza

palidece ante la serena belleza de tu cabello.


Imposible comparar la serenidad y sabiduría

que muestran aquellos luceros oscuros,

pues la misma Atenea envidia tu mirada.


El imaginar un roce con tu piel me paraliza;

y una caricia robada, casi furtiva la muestra,

la muestra hecha de seda japonesa

y tan fresca cómo la brisa del Guayas en la noche.


Tu sonrisa aparta de mí la perturbación,

alimenta mi felicidad esa sonora melodía;

musical emoción que emana del alma

y hace que vibre en mi la palabra prohibida.


Desearía tanto poder expresar lo que mi alma

con plañidera voz desea confesar desesperada;

aquello que todos buscan y pocos lo han hallado,

aquella búsqueda de la palabra prohibida.


Desearía que conozcas estás torpes palabras

que mi voz se rehúsa; por timidez; a pronunciar

pero que están presentes en cada acto mío,

en cada pequeña sonrisa que compartimos.

sábado, 1 de octubre de 2011

Panorámica mental

Como en un infierno gélido y obscuro
las alas sin plumas se baten siseantes
y en los ojos el color de la furia profundo destella.

La fiebre de las delicias florales
jardines en el que los virtuosos dimiten;
perversión, lascivia, una mirada vacía;
el ardor de aquello que le es arrebatado
y eso reptando en el caos de la mente
Informe y viscoso, hecho de substancia atemporal
desde hace eónes lo devora todo.

La idea se cubre de locura en éxtasis
el cuerpo abatido se convulsiona,
la extremidad metálica de bate.
Blando, informe, caliente: la masa
y el color rojo llenan los ojos y las manos.