viernes, 23 de diciembre de 2011

Rojo o Azul

Para María Elena Layana

Él entro al cuarto y solo el resplandor del anuncio de neón iluminaba la oscuridad; en el piso miles de cristales se encontraban dispersos y su mano buscando el interruptor que por fin encendió la blonda luz del lugar.
Hacía cinco días que ella no se había aparecido por la cabina de edición, que había faltado a sus clases de canto y a la terapia. Como todo en la vida él había procrastinado esta visita y ahora solo un reloj de bolsillo lo recibía y en la tarjeta decía su nombre y unas palabras.
La palabra odiosa, la pronunciación cansada: ¡estoy tarde, estoy tarde! Te compro tiempo pequeño saltarín, y aunque albino no seas Siempre sabrás el tiempo que te queda cuan tarde llegas
Avanzó por el cuarto y vio un portarretratos, es ella como la reina de corazones; con esa mirada autoritaria y triste. Él dejo caer el portarretrato debido a sus torpes manos y los cristales se uníenon a los de un espejo quebrado al fondo. Detrás del retrato unas letras.


Amo a Alicia, odio a Alicia. Soy y no soy. La roja más importante de la baraja, y aun así el joker tiene más porte. No soy querida, solo busco cortar cabezas para poseer amor. Quien me dijo que no era Alicia, quien me dijo reina; no recuerdo. Ahora el papel me muestra quien soy.
Al seguir el recorrido por la habitación de ella; él encuentra una miniatura que muestra dos sillas, la de productor y director. Entre estas dos, un pequeño diario. Sus anotaciones comienzan normales pero se hacen cada vez se vuelven más surrealistas; paisajes e imagenes tan increíbles como las que encontraríamos el país de las maravillas. La última anotación decía lo siguiente.
Me veo, veo la argentada ventana y esos ojos que me persiguen. La reina roja me mira y yo pasa a través de ella, yo soy ella. Tengo miedo miedos de que me vean. De repente escucha la voz del loco, sombrerero sin tela nos viste la cabeza con locura y ella la con esa sonrisa y esos ojos. Desaparece frente al loco, el loco enfurece y ella aunque transparente se siente. Ella aparece el sombrero ríe, se cambia el saco y los dos siguen creando; hasta ahora; sombrero que jamás se destruirán.

Él examina el espejo que se encuentra arrimado en una pared. Nadie estrello nada contra el cristal, parece que hubiera explotado desde adentro y todos los fragmentes se esparcieron por todo el cuarto. Lo único parecido a una roca en el sitio es un papel arrugado y hecho bolas, al abrirlo ve unas letras hermosamente escritas.

Todos están aquí, todos rodeándome, el dulce y quejumbroso, el genio loco, la gata siempre sonriente y servicial, la oruga delgada y con un pelambre recitando poemas, la reina blanca con ojos brillantes como diamantes en el cielo y la tortuga que cuenta historias. Me vieron; me odian, me odian pensé. Soy la reina de corazones. Ellos dijeron bienvenida Alicia es mi país de las maravillas. Ahora destruiré la argentada puerta con la palabra y al tinta. Adiós

Al girar el papel vio a su amiga dibujada con un hermoso vestido azul y una sonrisa como pocas veces el había visto. Esa era la seña inconfundible de que jamás la volvería a ver; cubrió el marco del espejo con una sabana, cogió su reloj y el hermoso dibujo de su amiga y cerró por última vez la puerta de ese cuarto. Tanto él como ella jamás volverían a ese lugar.
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