martes, 20 de agosto de 2013

Nombre prestado

He sido aficionado a los zombis desde que a los doce años vi La noche de los muertos vivientes. En mi adolescencia, la compañía de videojuegos CAPCOM reforzó ese gusto con la saga Resident Evil y en la adultez el cómic The walking dead me hizo seguir con esta gran afición. Pero en la literatura no había encontrado algo que me llenara por completo, hasta que leí Word War Z, de Max Brooks, hijo del famoso comediante Mel Brooks; y mayor fue mi emoción al enterarme de que se realizaría una película basada en este libro.
Lo primero que hay que decir es que las diferencias son pocas, solo algunos escenarios y situaciones compartidas. Pero la película solo toma prestado el nombre del libro y crea un producto nuevo casi en su totalidad. Para comenzar, existe una gran diferencia entre los zombis del libro y los de la película. El modo de contagio de la supuesta enfermedad también ha sido modificado. Me detendré para un mayor análisis en la estructura y en la resolución de la trama.
Los zombis del producto literario son completamente diferentes a los vistos en la película, ya que los primeros son muy parecidos a los ideados por George Romero, como veremos a continuación:
Tenía como un metro sesenta, inclinado, con los hombros estrechos y una panza hinchada y blanda. No traía camiseta, y la carne gris verdosa estaba desgarrada y llena de huecos. Olía como a playa, a algas podridas y agua de mar.
En la película podemos observar que los zombis son seres mucho más activos, más fuertes y más rápidos; asemejándose mucho a los de otros filmes como 28 días después, Legión, etc. y videojuegos como Left for dead, Dead Island, etc.  Esto tiene su motivación, ya que el caos se desarrolla de una manera mucho más veloz que el del libro, y los atacantes deben ser más rápidos para tomar la ciudad en pocas horas.
A nivel estructural y narrativo, tanto la novela de Brooks como el largometraje de Forster pertenecen al género epistolar –recolección de cartas, diario o documentos fidedignos que van dirigidos a alguien– , la diferencia radica en que el narrador del texto lo hace diez años después del apocalipsis zombi y empieza a contarlo desde que encuentran al paciente cero; y en la película se nos introduce a una historia contada a media res: la infección ya había avanzado en otros países y de repente golpea a los Estados Unidos. Todo sucede en cuestión de segundos y ése es otro punto importante: lo efectivo del contagio.
El tiempo en que la enfermedad afecta a las personas y los convierte en estas criaturas con mirada muerta cambia drásticamente, pero esto a su vez deja muchos vacíos en la trama de la película. En primera instancia vemos que en el libro las infecciones están latentes en los huéspedes hasta semanas antes de que ellos se transformen; es por esto que la infección es global:
 …escuché una historia de una pareja, un hombre de negocios con mucho dinero y su esposa. A él lo mordieron. No era una mordida grave, si me entiende, sino una de esas “mechas lentas,” porque el mordisco no agarró ninguno de los vasos sanguíneos principales. Estoy seguro de que creían que había una cura en occidente, muchos lo creían. Al parecer, alcanzaron a llegar hasta su cuarto de hotel en París antes de que él colapsara. La esposa trató de llamar a un doctor, pero él no la dejó. Tenía miedo de que los devolvieran. En lugar de eso, él le ordenó que lo abandonara, que se fuera antes de que entrara en coma. Dicen que lo hizo, y después de dos días de escuchar los gemidos y los golpes, la gente del hotel decidió ignorar el letrero de “NO MOLESTAR” y abrieron el cuarto. No estoy seguro de si fue así que comenzó la infección en París, pero tiene sentido.
Este fragmento nos muestra cómo la lentitud de la enfermedad y la corrupción hizo que la epidemia no pueda ser contenida en primera instancia; las constantes infecciones y la falsa seguridad de que los humanos podían curar el brote, son las que causan el caos posterior. En la película, la velocidad de contagio se muestra en los primeros diez minutos, ya que solo doce segundos bastan para que las personas mordidas se conviertan en en uno más de la manada; después se dice que la tasa fue en aumento ya que cerca del paciente cero el tiempo era entre cinco y diez minutos. Pero aún queda la duda argumental en la película, cómo es que el virus saltó de Corea a América, cómo un virus de rápida conversión se pudo propagar a grandes distancias.
Sobre este mismo tema también podemos ver la forma de transmisión del virus: en la película solo la mordida hace que una persona se convierta en muerto viviente, lo que hace presumir que es la saliva la que contiene el virus (esto es algo contradictorio ya que estos seres no salivan); en el libro se nos da a entender que cualquier contacto con sangre, órganos o carne de un infectado causa una conversión, esto lo vemos en este pasaje en donde un corazón proveniente de China es trasplantado a un austriaco en una clínica de Río de Janeiro:
 Herr Muller no alcanzó ni a recuperarse de la anestesia. Mientras descansaba en la sala de recuperación, sólo unos cuantos minutos después de cerrarlo, comenzaron a aparecer los síntomas. La temperatura, el pulso, los niveles de oxígeno…
Si bien en algunas locaciones podemos encontrar similitudes, ya que los dos investigadores visitan una Jerusalén con muros, los dos están en busca del paciente cero en Asia. En el libro se sabe que tiene lugar en China y se tiene el testimonio del doctor que lo atendió; en la película está cerca de Corea del Norte. También  vemos que mientras que la novela está formada íntegramente por relatos de los supervivientes, en la versión fílmica las conversaciones son pocas y es el investigador de la ONU el que vive esto hechos. También la diferencia fundamental radica en que el libro nos quiere contar cómo fue la vida en la Guerra Mundial Zombi, mientras que la película nos cuenta de los esfuerzos por encontrar la cura.
Por el contrario, en la película vemos que el héroe, al tratar de defenderse, es alcanzado por una gota de sangre en la boca, la toma y no se convierte; lo cual en mi opinión no tiene una explicación lógica y sí merece la categoría de cabo suelto.
Lo interesante del largometraje producido por Plan B –productora de Pitt– es que no hay un género cinematográfico específico. La acción y el terror son los que más fácilmente se identifican, por otra parte está la lucha contra los voraces zombis y por la otra se ve el trabajo intencional de los niveles de suspenso, juego de musicalización, montaje y, por supuesto, el uso del monstruo contemporáneo.
El largometraje desarrolla una conciencia del héroe. Gerry no es el redimido o el del camino fácil. Forster se arma de muchos argumentos para el perfil de su personaje principal, interpretado por Brad Pitt, sobre él ya no recaerá el recurso del estereotipo del héroe de acción sino más bien es el que emerge de la masa, una vez que ha abandonado su carrera como investigador de la ONU. En cada instante de la película, se debate por permanecer al lado de su familia y mantenerla segura por sobre el egoísmo de partir y abandonarlos.
Además cabe recalcar que no es el héroe-mesías. No está en sus manos salvar al mundo, es parte del equipo y más adelante al quedarse solo es que tiene todo el peso sobre sus hombros. El personaje de Pitt explota a cada momento su dimensión humana, tanto así que es él quien decide exponerse a una empírica cura.
Podemos decir que la Guerra Mundial Zombi de la película ocurre en un universo paralelo a la Guerra Mundial Zombi del libro. Son dos productos completamente diferentes que tienen como una similitud solo dos cosas: el apocalipsis zombi y el nombre. Con esto no quiero indicar que la película es mala, por el contrario, es un muy buen producto fílmico que tiene algunos cabos sueltos pero mantiene al espectador pegado a sus asientos desde el primer minuto. Tiene pocas similitudes con el libro, pero es una ficción que se sostiene sola por su fotografía y por los recursos de los géneros que emplea. Se confirma que no muchas veces la adaptación a la pantalla grande es mala y que primero debemos recurrir al libro. En éste caso podemos ir por cualquiera y el resultado será diferente pero satisfactorio.
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Todas las citas pertenecen a la novela Guerra Mundial Z, de Max Brooks.
Publicado con el título "WWZ, un nombre intercambiable" en la revista digital MATAVILELA 

viernes, 16 de agosto de 2013

¿Quién censura a quién?



Jaime Roldós Aguilera es un icono para las nuevas generaciones, alguien que conocemos solo por los mitos que escuchamos en la calle, de nuestros padres y de los políticos. Su muerte aun no clara le dio mas poder a este personaje. Su documental es una gran oportunidad para conocer quien fue el primer presidente después de la dictadura, pero no creo que el no pasar este documental sea una censura.

Y es que en este país existe libertad de expresión; o al menos eso quiero creer; y esta no solo reside en la libertad de decir lo que quiera, sino también de callar lo que considere prudente. Y tomando este principio creo que la cadena Supercines como empresa privada tiene todo el derecho de elegir que películas exhibir. El exigir que se proyecte determinada película atentaría con el derecho de libertad de expresión.

Si bien en la ley se consagra el espacio para las producciones nacionales, lo cual considero un gran incentivo para el cine nacional. No es una ley que imponga la proyección de todos los productos fílmicos ecuatorianos; sino que exige tener un porcentaje de de este en la parrilla. Si los cines del grupo El Rosado quiere cumplir con la ley, deberá escoger otra película nacional y listo, nadie le puede exigir que pasa este documental.

No soy defensor de Supercines y creo que es un error que no proyecten el film, pero como defensor de la libertad de expresión tengo que respetar y apoyar su derecho a no hacerlo. No seas una patria que bajo la creencia de nacionalismos a medias no tolera pensamientos diferentes. No confundamos silencio, con censura; ni una decisión de ámbito comercial e institucional con una movida política.
Supercines tienes el derecho a perder dinero por no exhibir la película y tienes el derecho a decir si, no o a callar. A fin de cuentas, yo iré a ver el documental a la otra cadena de cines.