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Temores Humnanos

Y la noche devora al pálido día, todas las criaturas siniestras despertaron y caminan por la penumbra del manto negro esperando al cansado viajero noctámbulo. Agazapado, en su oscuro disfraz de noche alimentan la ilusión de maldades realizadas y con sus ojos amarillos perdidos en el horizonte esperando, aguardando, saboreando placeres postrero. ¡Quieto! hasta ver a su presa; descuidada y adormecida no percibe el caminar de una ansia que se engorda. Lo tiene a distancia de ataque, solo debe moverse y hacerlo ¿Se deleitara con la acción y saciara su ansia? ¡Lo Hará!

navegando a lo deseado

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Para mi amada; P.M. Por fin deje las aguas serenas y me adentro en tú mar desplegue las negras vela, solte el rigido timon; navegue contigo, en ti, hacia ti; en la salvaje tempestad que eres. Me cubres con tus salvajes olas me llevas a saltos exitados por tí me dejas descansar un tiempo me permites contemplarte; quieta, hermosa me arrastras de nuevo hacia tu tempestad. Me has impregnado tu aroma salvaje no hay día que no te vea en la espuma, no hay tarde en que no escuhe tu risa marina, no hay noche en que no quiera estar en tí.

Desvelo

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La plutónica noche me envuelve y la imagen de funestas apariciones bailan a través de mis cerrados parpados. Se acerca la nona campanada y un frio terror recorre mis venas, pues Morfeo no visita mi ánimo y cubrindo mi vista como pueda; pues temo que el portador de arena la tome. Las pisadas susurran en el pasillo y sé que mi desgracia se avecina pues la tenue luz dejara de brillar. En el marco de la puerta, un haz luminoso, espectral mataria que va creciendo al ritmo de aceleración de mi corazón. Una figura se yergue a mi lado y yo; cerrando los ojos espero. Su boca se acerca a mi cara y ... ¿Te leo un cuento para que duermas?

Necropolis

Quién soy; nadie... Nada; pues las dulces alas negras me elevan de estas tierras y su trémula existencia. Acaso soy letras de oropel o soy los versos olvidados; acaso crónicas antiguas que es sienten tan frescas. Al final solo soy una fría lápida mirando el hogar desaparecido y al férrico mueble siempre vacio o al poeta joven que escribe y llora desconsoladamente pues su fatun es reflejarse en mi y él como yo; es nadie… Nada.