domingo, 15 de febrero de 2015

La Búsqueda de Nike

Gregorio se prepara como siempre, con rigurosidad de ritual su ingreso a los dominios de Morfeo, cierra todo; se baña y entra a su alcoba solo con su bata blanca de baño, la cual se quita, y queda completamente desnudo como lo había hecho interminables veces antes. Pero esta vez sintió algo extraño. Algo que nunca antes había sentido.

Un adormecimiento que comenzó en nuca y que bajaba  poco a poco, reptando a la velocidad de una serpiente herida, por la espina dorsal, y tan intenso fue que lo hizo trastabillar; cayendo sobre sus rodillas y su mano derecha, mientras con la izquierda se tocaba la nuca. Al estar desnudo parecía una estatua griega de mármol en una pose trágica.

El mareo hizo cerrar sus ojos, ante lo cual se vio recordando su niñez.  Ese dolor le era familiar: lo sintió en la muerte de su madre y padre en aquel fatal accidente de alpinismo, y en su adolescencia, con la muerte de su último familiar conocido, su abuelo, el gran marinero, que le contaba fascinantes historias de sus viajes. Cuando joven murieron sus compañeros en aquel fatal accidente y por último, el abandono por parte de su novia, justo cuando comenzó a entregarse a las extrañas costumbres que hoy es parte de su rutina, y concluyó que era el dolor de la soledad.

Tal vez sugestionado, porque hacía poco había corrido a gritos al con Héctor y le dijo que era la última vez que lo quería ver; y por su actitud, su más leal, aparte de único amigo tenía toda la intención de cumplir la orden. De repente, todos esos recuerdos se mezclaron en una sola visión irreconocible, y con un temor de incertidumbre. Gregorio se decidió a abrir sus ojos; tuvo una sensación de que ese no era el lugar donde había cerrado los ojos.

Rápidamente recogió su bata de baño blanco y se dirigió a su estudio, un gran salón con una extensa biblioteca de pared a pared y los más finos muebles de madera; con un escritorio con minibar y atrás de este un gran ventanal de diseño en rosas de lis. En la parte de arriba un retrato de su abuelo viendo ampliamente la biblioteca que fue siempre su más grande orgullo.

Saco una gran botella de brandy y sin pausa pero con la mayor parsimonia fue bebiendo el licor y decía:

 – Por Héctor, el último amigo que me queda – y llenando de nuevo la copa exclamo – al diablo con él y con todos he vivido solo y solo moriré-

Bebió violentamente y lanzó la copa de cristal al ardiente fuego de la chimenea. Cogió otra copa  y fue bebiendo, trago tras trago su dolor, disfrazado de un excelente brandy.

Parecía que hubiera bebido por un par de días con breves descansos para dormir, con ese sentimiento en la nuca mucho más atenuado pero todavía ahí y las maldiciones acompañadas de largos sorbos de ese interminable brandy.

Como sombras de fantasmas aparecían los recuerdos en la habitación, en el lugar justo en que cada una ocupaba en un pasado no tan distante. Héctor vestido con una leva negra a rayas blancas y el pantalón de mismo diseño y del mejor material,  sentado en uno de los sillones de madera con forro rojo que se encontraban en el centro de la habitación; inquieto y nervioso como era costumbre los últimos meses, en los que las deudas eran parte importante de sus conversaciones. Y cada vez que tocaba el tema, Gregorio evitaba la conversación, pero hoy fue inevitable, Héctor imploró que lo recibiera y así lo hizo Gregorio; a las 6:45 p.m.; pero con apuro ya que se disponía a tomar el baño de las 7 y no podía ser ni un minuto después.

Cuando Gregorio entró con su bata blanca de baño, Héctor inmediatamente y sin vacilación abordo vociferando a viva voz.

-Te tengo el negocio del siglo, me… nos forraremos en plata y nunca, nunca más pasaremos penurias- esto último le pareció que lo decía más por sí mismo, que por alguien más, ya que las acciones de las compañías de padres de Gregorio le daba para vivir.

El hombre con su bata blanca de baño dijo -no estoy interesado, ya que tengo lo suficiente, además tengo que bañarme y se me hace tarde- le comente en tono un poco crispado.

Héctor sin más preámbulos soltó su último recurso; -préstame entonces los recursos y te prometo que te los devolveré con intereses, pero ese negocio no puedo perderlo- insistió con una cara de desquiciado, que no hizo más que turbar a su amigo, ya que el reloj de la biblioteca le indicaba que faltaban 8 minutos para su baño.

Su rostro de pronto se proyectó fantasmagórico y con una jadeante voz dijo -yo lo he dejado todo por ti, mis amistades, mis contactos, y hasta mis inversiones más lucrativas por cumplir tus caprichos, ahora que estoy en mala situación y necesito el dinero para levantar unos negocios no me lo pretendes prestar- su rostro se comenzó a transfigurar. -Cómo te atreves a llamarte amigo-, término diciendo estas palabras con sus ojos desorbitados de la rabia.

Gregorio con una voz más apurada que agresiva; le respondió -lo que pasa es que tu amistad no es por dinero y si te lo presto todo cambiará y tal vez nuestra amistad se deteriore; deja pasar un tiempo y verás que te va mejor-, y esbozó en su rostro una clara sonrisa fingida.

Héctor con voz colérica y casi como un desquiciado, con sus ojos fuera de sus órbitas y su ropa desaliñada vociferó su sentencia.

 –Sí me daré todo el tiempo del mundo y jamás, óyelo bien ¡jamás volveré puesto que por ti casi lo he perdido todo y tú no me quieres ayudar!

A lo que Gregorio respondió -¡ahí está la puerta de salida!- señalando la puerta doble con un dintel con la estatua de atenea y Niké en la mano de esta.

–Sale y no regreses si no lo deseas-; gritó Gregorio un poco fuera de sí y algo molesto.

 Héctor salió como un toro y alzó la mirada como envidioso a la estatua de Atenea, porque él quisiera tener a la victoria entre sus manos, como la diosa y  luego azotó la puerta mientras salía. De repente, las sombras de ese pasado reciente se esfuman y volvió al tiempo actual.

Su soledad se aceleraba con cada segundo que pasaba y ese sentimiento de necesidad de comunicarse que nunca antes había existido en él, afloró de pronto con toda la fuerza de una inundación.

-¡Nunca he necesitado a nadie porque ahora este sentimiento de soledad!- y tocándose la nuca sintió esa extraña sensación, la cual rápidamente conectó con su naciente necesidad. –Me sobrepondré como siempre- dijo en un tono algo altanero y arrogante.

De repente sin saber cómo cayó en un sueño fugaz en donde se veía tendido en el piso de la gran habitación que era su estudio, su ser completamente desnudo estaba como tirado como un niño exhausto de nadar todo el día en el río. Y rodeado por un prominente charco de sangre.

La policía investigando todo para ver qué había pasado; buscando algún indicio, y la estatua de atenea parada en el dintel pero ya no estaba la victoria en su mano había desaparecido. Luego una luz cegadora hizo cerrar los ojos a Gregorio.

Lentamente al abrirlos vi una explanada verde que era la base de una pequeña loma, era un lugar diferente, también vio en lo alto de este montículo un grupo de hombres rodeando un objeto.

Mientras caminaba hacia el encuentro con ellos vio en el piso recuadros de mármol con nombre, fechas, fotos e imágenes religiosas.  Un golpe en el pecho que venía desde adentro casi lo tira al suelo, fue la revelación tan perturbadora,

-Es un cementerio y posiblemente en la cumbre esté mi tumba-; dijo en sus pensamientos mientras aceleraba el paso y se dirigía a la tumba.

Mas al acercarse no reconoció a nadie y se extrañó –Tal vez son los de los de la funeraria que en un acto de misericordia acudieron pues asumieron que nadie vendría a mi funeral- se dijo para sus adentros y le dolió en el alma que su único amigo, Héctor no estuviera en ese grupo de hombres. Si bien su pelea fue grande, en la muerte todo se olvida.

De repente vio a una mujer llorando desconsoladamente. Al acercarse  la reconoció, era la enamorada de Héctor; tal vez él estuviera por aquí después de todo.  Pero ella se acercó a la tumba mientras los hombres acusaban a Héctor de asesino y deudor.

La seguridad de que era su tumba se esfumó;  creyó que en la tumba tal vez era el nombre de Héctor y no el suyo el que estaba inscrito. Sintió culpa, culpa por no haberle prestado ayuda. De haberlo hecho Héctor no hubiera  cometido la locura de que lo acusan. Todos voltearon y dijeron -ese es a quien intentó asesinar- voltearon a ver a Gregorio parado en la tumba.

Un gran susto lo despertó, a su lado en el otro mueble extrañamente estaba Héctor dormido. Al despertar este grito pues no sabía cómo había llegado donde Gregorio, se miraron un largo rato.

Héctor era el más asustado, pues era como si al ver a Gregorio estuviera viendo un fantasma; súbitamente apareció por la puerta del dormitorio una imagen que turbó a los dos.

El capitán Modesto, su abuelo se acercó y los saludo; ahora Héctor y Gregorio no eran los mismos, eran apenas unos niños de no más de 10 años y su temor, se transformó en una avidez por escuchar una de las tantas historias que sabía el capitán, y que tanto les gustaba oír.

-Hace mucho tiempo en el lejano oriente- comenzó el relato el abuelo con una voz ceremonial.

-Existía un sultán muy especial su nombre era Malik Al Raslan era un sultán muy excéntrico y el pueblo le obedecía, pero no confiaban en él; planeaban un complot para matarlo; pero como hacerlo si nadie podía estar frente a su presencia.

Nadie excepto su único amigo Salín Pakar, un hombre leal, pero con un problema de apuestas. Sus grandes deudas lo condenaban a una vida de constantes agitaciones. El siempre trato de mantener alejado al sultán de sus problemas, aunque su amistad con el sultán ocasiono que ya nadie le prestara dinero, pues nadie quería al sultán ni a sus amigos. Al final tuvo que acudir al sultán como su única esperanza, pero este solo le respondió con una sarta de excusas y lo despidió.

Salín se marchó pero antes dijo, con una voz más resignada que furibunda,  que esa sería la última vez que lo vería. Quizás presentía que a la salida del castillo lo esperaban dos matones con sus filosas espadas. Así al llegar a dicho lugar los matones le propusieron que matara al sultán y sus deudas serian perdonadas o se rehusaba y las pagaba con su vida. este acepto el trato y los matones le dieron un dardo envenenado y el antídoto por si sucedía algún accidente.

Salín entro al castillo y sin ser visto entro a la habitación de Malik y al verlo de espaldas lanzo su dardo-

El capitán hizo un gran silencio y los niños se acercaron borde del asiento esperando a que el capitán continuara con su relato, y así fue; el capitán continuó con su relato después de esa pausa, útil estrategia para causar expectativa.

-El dardo se clavó directo en el cuello y Malik cayó al suelo de inmediato, ya que era un potente veneno. Salín salió corriendo, pero sintió que dejo su honor tirado junto con su amigo. Súbitamente se detuvo al ver como una pequeña figura daba tumbos en medio de una calle; el ser estaba a punto de ser aplastado por una caravana.

Entonces Salín saltó al medio de la calle y empujó al pequeño ser, alejándolo de la caravana; que termino por aplastarlo, dejándolo casi muerto- se hizo un silencia sepulcral en aquella biblioteca, los niños se miraba y miraban al abuelo, buscando indicios de como continuaba la historia.

Entonces el capitán continuó con el relato con una voz un poco misteriosa; -se encontró en la habitación de Malik y el pequeño ser se reveló como un Jinn de fuego; un hermoso ser que parecía un niño y en gratitud le concedió un deseo el que le pidiera.

Sin pensar Salín pidió salvar a Malik, pero el jinn que es una criatura reblada y traviesa, conocida por no seguir las reglas; quería salvar también a su salvador he hizo que Malik escuchara todo lo que Salín había hecho y lo arrepentido que se encontraba, con la esperanza de conmoverlo y que este le prestara no solo dinero; sino el apoyo que Salin necesitaba para dejar ese vicio del juego.

El jinn salvo a Salin, este salió corriendo al dormitorio del Sultán y le dio el antídoto; pero este al recuperarse y saber todo lo que había hecho su salvador mandó a decapitarlo. Después de ese incidente volvió terrible con el pueblo, fue un tirano. Las criaturas mágicas condenaron al destierro al jinn por no haber cumplido a cabalidad el deseo pedido; pero más que nada por causar sufrimiento a la gente-

Los niños miraron atónitos al capitán y cuando se disponían a hablar, su abuelo prosiguió con el relato que se pensaba terminado

-El jinn vago por muchos lugares y paso el tiempo, este creció y se divertía bebiendo en bares con los mortales. Su condena fue que seguiría su vida sobrenatural y podría utilizar magia para obtener comida pero no concedería deseos; eso era terrible ya que los jinn más que todo los buenos y hermosos eran felices cumpliendo deseos. Además gozaba al hacer travesuras entre deseo y deseo.

Solo se levantaría la prohibición si el ser mágico podía enmendar su error del pasado; cumpliendo un deseo tal como fue pedido; y solo le estaba permitido cumplir el deseo de alguien que lo salvara de un peligro real.

Un día, un joven marinero salvo a esta traviesa criatura de ser  aplastado por un coche. Fue en eso momento cuando pudo revelar toda su magia y el aventurero solo pidió a cambio un deseo. Que no permitiera que su descendencia desapareciera y que todos tengan parte de su espíritu aventurero-

De repente la voz del capitán cambió,  se volvió sobrenatural con una reverberación como de una cueva.

-¡y aquí estoy para cumplir ese deseo!- grito con esa voz reverberante y su aspecto cambio. Parecía un antigua príncipe árabe, con ropas elegantes y finas. Sus ojos tenían el brillo del fuego y en su cara una sonrisa burlona que desentonaba con su apariencia de príncipe.

-Las viejas mañas no se olvidan… y tampoco las creencias. Creo en la amistad- dijo el jinn con voz un tanto melancólica; - y si Malik no pude ver en Salín el arrepentimiento; tal vez tu si Gregorio.

El mágico ser se volvía de fuego y gritó a viva voz -¡lo he cumplido capitán salvé su descendencia- luego se fue apagándose como una vela no sin antes susurrar- lo he salvado no solo de la muerte sino el sí mismo tal como hiciste conmigo, ahora tendrá ese espíritu de aventura que tanto se negó reconocer en él- y finalmente desapareció; de pronto todo se inundó con una luz cegadora.

Gregorio se despertó en una cama de hospital con la cabeza vendada -¿pero qué sucedió… donde, dónde estoy?- quiso saber Gregorio.

-¡su amigo!- contestó la enfermera –salvó a un niño de morir atropellado lo empujo a un lado de la calle, pero el carro golpeo de lleno a su amigo. Cuando llegó la ambulancia, él pedía a viva voz que vayan a buscar a su amigo. La policía lo hizo y lo encontró tendido en el suelo- contó la enfermera con minuciosidad.

-La policía piensa que fue su amigo Héctor quien lo golpeó, y no saben cómo demostrarlo; pero eso ya no importa- contesto la enfermera.

Gregorio preguntó con desesperación - ¿Qué le paso a Héctor, Donde esta?-

Siguió con un tono más lastimero -¿por favor dígame qué le pasó a mi amigo Héctor?-; pero la enfermera solo lo miró con un tono compasivo y Héctor pensó que el sueño que tuvo no hubiera sido un sueño sino una premonición.

Gregorio llegó al cementerio, vio la pequeña loma que había visto antes en su sueño, era como un dejavú: las lapidas, la subida, los hombres acusando a Héctor y de pronto la novia de Héctor apareció ahí mismo dirigiéndose a una tumba en lo alto de la colina.

Los hombres se voltearon y dijeron -ese es a quien intentó asesinar- y voltearon a ver a Gregorio; este dijo con voz fuerte -¡ya déjenlo en paz, nada es verdad!- y se volteó a recibir a la novia de su único amigo, la cual lloraba sin consuelo. Ella se tiró a los pies de Gregorio y con una voz de súplica le rogaba.

-Por favor di que no fue él; ¡que no fue Héctor  quien trató de matarte!- y derramaba sus lágrimas sobre los pies de Gregorio y pidiendo de nuevo -¡por favor dime que no fue él!- .

Gregorio la recoge del suelo y le contesta con voz suave y tierna, -no fue, tranquila-.

-Pero Héctor se echó la culpa dijo que él nunca se marchó después de la pelea- dijo Elena llorando a lágrima viva; -Que entro al estudio tomo la estatua de Niké y se escondió en tú dormitorio; te espero y cuando entraste te golpeo en la cabeza. Se llevó un dinero de la caja.

En el hospital le dijeron que tú estabas al borde de la muerte y el muy mal herido firmó una confesión contando todo lo que te he dicho y además dijo dónde estaba el dinero que él tomó y  usó unos guantes de cuero para no dejar una sola huella.

-Tranquila Elena – dijo Gregorio con voz serena, - el dinero se lo preste yo; tranquila iré a la policía y limpiare su nombre. Diré que no voy a denunciar este incidente ya que fue un accidente.

Explicaré todo; diré que se me cayó mientras estaba discutiendo con él por el pago del préstamo y tal vez salió corriendo a buscar ayuda. Al ver que estaba al borde de morir se sintió culpable y dijo que fue él-

 –No te preocupes Elena sacaré a Héctor de la cárcel, diré lo que paso y los ayudare en el negocio de Héctor, pero adelántate yo tengo que visitar la tumba de mi abuelo- y de repente le surgió una duda.

-¡Elena! Dime: ¿Quién te dijo que estaba en el cementerio?-

Elena respondió secándose las lágrimas y con una felicidad desbordarte -fue un hombre que llevaba un saco y pantalón negro; una gabardina y un sombrero del mismo color. Parecía árabe, bien parecido pero tenía una sonrisa burlona y unos ojos como el fuego. ¿Qué, no era tu amigo?- pregunto asustada -me dijo que se llamaba Pireo-.

-si tranquila, yo lo conozco- respondió Gregorio, esbozando una sonrisa; para finalmente ir a la tumba de su abuelo.

Estaba parado frente a un tumba donde estaba grabado un timón de barco y una ancla y el nombre de su abuelo; con una lágrima en su mejilla rodando dijo en una voz de susurro –gracias abuelo, y gracias también a tu amigo-.

De repente se oyó como si una columna de fuego saliera del piso y de reojo vio al hombre vestido de negro y le dijo -gracias por todo-.

Él contestó con una voz burlona – primero no tienes que agradecer fue un deseo de tu abuelo, segundo llámame Pireo ese nombre me gusta. Y tercero no te libraras de mi tan fácilmente ¡Me devolviste los poderes y la fe con tu acto! así que te serviré, eres mi amo siempre que me necesites estaré hay- y desapareció tal como había aparecido.

Entró al carro y le dijo a Elena -¿Qué clase de negocio estaba proponiendo Héctor?, nunca lo dijo-.

-Él encontró un mapa de un tesoro y estaba pidiendo fondos para buscarlo –respondió sin convicción en la creencia de su enamorado.

-entonces saquemos a Héctor de la cárcel y busquemos el tesoro- replicó emocionado Gregorio -la aventura nos espera-.



martes, 20 de agosto de 2013

Nombre prestado

He sido aficionado a los zombis desde que a los doce años vi La noche de los muertos vivientes. En mi adolescencia, la compañía de videojuegos CAPCOM reforzó ese gusto con la saga Resident Evil y en la adultez el cómic The walking dead me hizo seguir con esta gran afición. Pero en la literatura no había encontrado algo que me llenara por completo, hasta que leí Word War Z, de Max Brooks, hijo del famoso comediante Mel Brooks; y mayor fue mi emoción al enterarme de que se realizaría una película basada en este libro.
Lo primero que hay que decir es que las diferencias son pocas, solo algunos escenarios y situaciones compartidas. Pero la película solo toma prestado el nombre del libro y crea un producto nuevo casi en su totalidad. Para comenzar, existe una gran diferencia entre los zombis del libro y los de la película. El modo de contagio de la supuesta enfermedad también ha sido modificado. Me detendré para un mayor análisis en la estructura y en la resolución de la trama.
Los zombis del producto literario son completamente diferentes a los vistos en la película, ya que los primeros son muy parecidos a los ideados por George Romero, como veremos a continuación:
Tenía como un metro sesenta, inclinado, con los hombros estrechos y una panza hinchada y blanda. No traía camiseta, y la carne gris verdosa estaba desgarrada y llena de huecos. Olía como a playa, a algas podridas y agua de mar.
En la película podemos observar que los zombis son seres mucho más activos, más fuertes y más rápidos; asemejándose mucho a los de otros filmes como 28 días después, Legión, etc. y videojuegos como Left for dead, Dead Island, etc.  Esto tiene su motivación, ya que el caos se desarrolla de una manera mucho más veloz que el del libro, y los atacantes deben ser más rápidos para tomar la ciudad en pocas horas.
A nivel estructural y narrativo, tanto la novela de Brooks como el largometraje de Forster pertenecen al género epistolar –recolección de cartas, diario o documentos fidedignos que van dirigidos a alguien– , la diferencia radica en que el narrador del texto lo hace diez años después del apocalipsis zombi y empieza a contarlo desde que encuentran al paciente cero; y en la película se nos introduce a una historia contada a media res: la infección ya había avanzado en otros países y de repente golpea a los Estados Unidos. Todo sucede en cuestión de segundos y ése es otro punto importante: lo efectivo del contagio.
El tiempo en que la enfermedad afecta a las personas y los convierte en estas criaturas con mirada muerta cambia drásticamente, pero esto a su vez deja muchos vacíos en la trama de la película. En primera instancia vemos que en el libro las infecciones están latentes en los huéspedes hasta semanas antes de que ellos se transformen; es por esto que la infección es global:
 …escuché una historia de una pareja, un hombre de negocios con mucho dinero y su esposa. A él lo mordieron. No era una mordida grave, si me entiende, sino una de esas “mechas lentas,” porque el mordisco no agarró ninguno de los vasos sanguíneos principales. Estoy seguro de que creían que había una cura en occidente, muchos lo creían. Al parecer, alcanzaron a llegar hasta su cuarto de hotel en París antes de que él colapsara. La esposa trató de llamar a un doctor, pero él no la dejó. Tenía miedo de que los devolvieran. En lugar de eso, él le ordenó que lo abandonara, que se fuera antes de que entrara en coma. Dicen que lo hizo, y después de dos días de escuchar los gemidos y los golpes, la gente del hotel decidió ignorar el letrero de “NO MOLESTAR” y abrieron el cuarto. No estoy seguro de si fue así que comenzó la infección en París, pero tiene sentido.
Este fragmento nos muestra cómo la lentitud de la enfermedad y la corrupción hizo que la epidemia no pueda ser contenida en primera instancia; las constantes infecciones y la falsa seguridad de que los humanos podían curar el brote, son las que causan el caos posterior. En la película, la velocidad de contagio se muestra en los primeros diez minutos, ya que solo doce segundos bastan para que las personas mordidas se conviertan en en uno más de la manada; después se dice que la tasa fue en aumento ya que cerca del paciente cero el tiempo era entre cinco y diez minutos. Pero aún queda la duda argumental en la película, cómo es que el virus saltó de Corea a América, cómo un virus de rápida conversión se pudo propagar a grandes distancias.
Sobre este mismo tema también podemos ver la forma de transmisión del virus: en la película solo la mordida hace que una persona se convierta en muerto viviente, lo que hace presumir que es la saliva la que contiene el virus (esto es algo contradictorio ya que estos seres no salivan); en el libro se nos da a entender que cualquier contacto con sangre, órganos o carne de un infectado causa una conversión, esto lo vemos en este pasaje en donde un corazón proveniente de China es trasplantado a un austriaco en una clínica de Río de Janeiro:
 Herr Muller no alcanzó ni a recuperarse de la anestesia. Mientras descansaba en la sala de recuperación, sólo unos cuantos minutos después de cerrarlo, comenzaron a aparecer los síntomas. La temperatura, el pulso, los niveles de oxígeno…
Si bien en algunas locaciones podemos encontrar similitudes, ya que los dos investigadores visitan una Jerusalén con muros, los dos están en busca del paciente cero en Asia. En el libro se sabe que tiene lugar en China y se tiene el testimonio del doctor que lo atendió; en la película está cerca de Corea del Norte. También  vemos que mientras que la novela está formada íntegramente por relatos de los supervivientes, en la versión fílmica las conversaciones son pocas y es el investigador de la ONU el que vive esto hechos. También la diferencia fundamental radica en que el libro nos quiere contar cómo fue la vida en la Guerra Mundial Zombi, mientras que la película nos cuenta de los esfuerzos por encontrar la cura.
Por el contrario, en la película vemos que el héroe, al tratar de defenderse, es alcanzado por una gota de sangre en la boca, la toma y no se convierte; lo cual en mi opinión no tiene una explicación lógica y sí merece la categoría de cabo suelto.
Lo interesante del largometraje producido por Plan B –productora de Pitt– es que no hay un género cinematográfico específico. La acción y el terror son los que más fácilmente se identifican, por otra parte está la lucha contra los voraces zombis y por la otra se ve el trabajo intencional de los niveles de suspenso, juego de musicalización, montaje y, por supuesto, el uso del monstruo contemporáneo.
El largometraje desarrolla una conciencia del héroe. Gerry no es el redimido o el del camino fácil. Forster se arma de muchos argumentos para el perfil de su personaje principal, interpretado por Brad Pitt, sobre él ya no recaerá el recurso del estereotipo del héroe de acción sino más bien es el que emerge de la masa, una vez que ha abandonado su carrera como investigador de la ONU. En cada instante de la película, se debate por permanecer al lado de su familia y mantenerla segura por sobre el egoísmo de partir y abandonarlos.
Además cabe recalcar que no es el héroe-mesías. No está en sus manos salvar al mundo, es parte del equipo y más adelante al quedarse solo es que tiene todo el peso sobre sus hombros. El personaje de Pitt explota a cada momento su dimensión humana, tanto así que es él quien decide exponerse a una empírica cura.
Podemos decir que la Guerra Mundial Zombi de la película ocurre en un universo paralelo a la Guerra Mundial Zombi del libro. Son dos productos completamente diferentes que tienen como una similitud solo dos cosas: el apocalipsis zombi y el nombre. Con esto no quiero indicar que la película es mala, por el contrario, es un muy buen producto fílmico que tiene algunos cabos sueltos pero mantiene al espectador pegado a sus asientos desde el primer minuto. Tiene pocas similitudes con el libro, pero es una ficción que se sostiene sola por su fotografía y por los recursos de los géneros que emplea. Se confirma que no muchas veces la adaptación a la pantalla grande es mala y que primero debemos recurrir al libro. En éste caso podemos ir por cualquiera y el resultado será diferente pero satisfactorio.
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Todas las citas pertenecen a la novela Guerra Mundial Z, de Max Brooks.
Publicado con el título "WWZ, un nombre intercambiable" en la revista digital MATAVILELA 

viernes, 16 de agosto de 2013

¿Quién censura a quién?



Jaime Roldós Aguilera es un icono para las nuevas generaciones, alguien que conocemos solo por los mitos que escuchamos en la calle, de nuestros padres y de los políticos. Su muerte aun no clara le dio mas poder a este personaje. Su documental es una gran oportunidad para conocer quien fue el primer presidente después de la dictadura, pero no creo que el no pasar este documental sea una censura.

Y es que en este país existe libertad de expresión; o al menos eso quiero creer; y esta no solo reside en la libertad de decir lo que quiera, sino también de callar lo que considere prudente. Y tomando este principio creo que la cadena Supercines como empresa privada tiene todo el derecho de elegir que películas exhibir. El exigir que se proyecte determinada película atentaría con el derecho de libertad de expresión.

Si bien en la ley se consagra el espacio para las producciones nacionales, lo cual considero un gran incentivo para el cine nacional. No es una ley que imponga la proyección de todos los productos fílmicos ecuatorianos; sino que exige tener un porcentaje de de este en la parrilla. Si los cines del grupo El Rosado quiere cumplir con la ley, deberá escoger otra película nacional y listo, nadie le puede exigir que pasa este documental.

No soy defensor de Supercines y creo que es un error que no proyecten el film, pero como defensor de la libertad de expresión tengo que respetar y apoyar su derecho a no hacerlo. No seas una patria que bajo la creencia de nacionalismos a medias no tolera pensamientos diferentes. No confundamos silencio, con censura; ni una decisión de ámbito comercial e institucional con una movida política.
Supercines tienes el derecho a perder dinero por no exhibir la película y tienes el derecho a decir si, no o a callar. A fin de cuentas, yo iré a ver el documental a la otra cadena de cines.

miércoles, 26 de junio de 2013

Temores Humnanos

Y la noche devora al pálido día,
todas las criaturas siniestras despertaron
y caminan por la penumbra del manto negro
esperando al cansado viajero noctámbulo.

Agazapado, en su oscuro disfraz de noche
alimentan la ilusión de maldades realizadas
y con sus ojos amarillos perdidos en el horizonte
esperando, aguardando, saboreando placeres postrero.

¡Quieto! hasta ver a su presa; descuidada y adormecida
no percibe el caminar de una ansia que se engorda.

Lo tiene a distancia de ataque, solo debe moverse y hacerlo
¿Se deleitara con la acción y saciara su ansia? ¡Lo Hará!

martes, 29 de enero de 2013

navegando a lo deseado

Para mi amada; P.M.

Por fin deje las aguas serenas
y me adentro en tú mar
desplegue las negras vela,
solte el rigido timon;
navegue contigo, en ti, hacia ti;
en la salvaje tempestad que eres.


Me cubres con tus salvajes olas
me llevas a saltos exitados por tí
me dejas descansar un tiempo
me permites contemplarte; quieta, hermosa
me arrastras de nuevo hacia tu tempestad.


Me has impregnado tu aroma salvaje
no hay día que no te vea en la espuma,
no hay tarde en que no escuhe tu risa marina,
no hay noche en que no quiera estar en tí.








lunes, 13 de febrero de 2012

Desvelo



















La plutónica noche me envuelve
y la imagen de funestas apariciones
bailan a través de mis cerrados parpados.

Se acerca la nona campanada
y un frio terror recorre mis venas,
pues Morfeo no visita mi ánimo
y cubrindo mi vista como pueda; pues
temo que el portador de arena la tome.

Las pisadas susurran en el pasillo
y sé que mi desgracia se avecina
pues la tenue luz dejara de brillar.

En el marco de la puerta, un haz luminoso,
espectral mataria que va creciendo
al ritmo de aceleración de mi corazón.

Una figura se yergue a mi lado
y yo; cerrando los ojos espero.
Su boca se acerca a mi cara y...

¿Te leo un cuento para que duermas?

martes, 31 de enero de 2012

Necropolis

Quién soy; nadie... Nada;
pues las dulces alas negras
me elevan de estas tierras
y su trémula existencia.

Acaso soy letras de oropel
o soy los versos olvidados;
acaso crónicas antiguas
que es sienten tan frescas.

Al final solo soy una fría lápida
mirando el hogar desaparecido
y al férrico mueble siempre vacio
o al poeta joven que escribe
y llora desconsoladamente
pues su fatun es reflejarse en mi
y él como yo; es nadie… Nada.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Rojo o Azul

Para María Elena Layana

Él entro al cuarto y solo el resplandor del anuncio de neón iluminaba la oscuridad; en el piso miles de cristales se encontraban dispersos y su mano buscando el interruptor que por fin encendió la blonda luz del lugar.
Hacía cinco días que ella no se había aparecido por la cabina de edición, que había faltado a sus clases de canto y a la terapia. Como todo en la vida él había procrastinado esta visita y ahora solo un reloj de bolsillo lo recibía y en la tarjeta decía su nombre y unas palabras.
La palabra odiosa, la pronunciación cansada: ¡estoy tarde, estoy tarde! Te compro tiempo pequeño saltarín, y aunque albino no seas Siempre sabrás el tiempo que te queda cuan tarde llegas
Avanzó por el cuarto y vio un portarretratos, es ella como la reina de corazones; con esa mirada autoritaria y triste. Él dejo caer el portarretrato debido a sus torpes manos y los cristales se uníenon a los de un espejo quebrado al fondo. Detrás del retrato unas letras.


Amo a Alicia, odio a Alicia. Soy y no soy. La roja más importante de la baraja, y aun así el joker tiene más porte. No soy querida, solo busco cortar cabezas para poseer amor. Quien me dijo que no era Alicia, quien me dijo reina; no recuerdo. Ahora el papel me muestra quien soy.
Al seguir el recorrido por la habitación de ella; él encuentra una miniatura que muestra dos sillas, la de productor y director. Entre estas dos, un pequeño diario. Sus anotaciones comienzan normales pero se hacen cada vez se vuelven más surrealistas; paisajes e imagenes tan increíbles como las que encontraríamos el país de las maravillas. La última anotación decía lo siguiente.
Me veo, veo la argentada ventana y esos ojos que me persiguen. La reina roja me mira y yo pasa a través de ella, yo soy ella. Tengo miedo miedos de que me vean. De repente escucha la voz del loco, sombrerero sin tela nos viste la cabeza con locura y ella la con esa sonrisa y esos ojos. Desaparece frente al loco, el loco enfurece y ella aunque transparente se siente. Ella aparece el sombrero ríe, se cambia el saco y los dos siguen creando; hasta ahora; sombrero que jamás se destruirán.

Él examina el espejo que se encuentra arrimado en una pared. Nadie estrello nada contra el cristal, parece que hubiera explotado desde adentro y todos los fragmentes se esparcieron por todo el cuarto. Lo único parecido a una roca en el sitio es un papel arrugado y hecho bolas, al abrirlo ve unas letras hermosamente escritas.

Todos están aquí, todos rodeándome, el dulce y quejumbroso, el genio loco, la gata siempre sonriente y servicial, la oruga delgada y con un pelambre recitando poemas, la reina blanca con ojos brillantes como diamantes en el cielo y la tortuga que cuenta historias. Me vieron; me odian, me odian pensé. Soy la reina de corazones. Ellos dijeron bienvenida Alicia es mi país de las maravillas. Ahora destruiré la argentada puerta con la palabra y al tinta. Adiós

Al girar el papel vio a su amiga dibujada con un hermoso vestido azul y una sonrisa como pocas veces el había visto. Esa era la seña inconfundible de que jamás la volvería a ver; cubrió el marco del espejo con una sabana, cogió su reloj y el hermoso dibujo de su amiga y cerró por última vez la puerta de ese cuarto. Tanto él como ella jamás volverían a ese lugar.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Transmutaciones

¿y acaso por eso somos misántropos?

quizás porque odiamos lo que somos

con una furia que se derrama a medias

y odiamos al reflejo y a la sombra;

a uno porque proyecta nuestras carencias

al otro por que refleja nuestra falta.


Odiamos a los espejos pues nos duplica

y cada deformidad moral es copiada,

y cada rostro que despreciamos

es parte de ese rostro collage

el cual nos muestra desnudos;

antropomórficos animales imperfectos.


¿y acaso por eso amamos la escritura?

quizás porque nos recreamos casi perfectos

o por lo menos con menos defectos

quizás por eso buscamos estar completos

porque sus boinas tornasoles nos piensan

casi perfectos, acaso con muchas virtudes.


Amamos a unos pocos, somos agorafóbicos

pues más de dos deja de ser seguro

amamos al espejo que antes odiábamos

pues ahora refleja a uno en dos rostros.


lunes, 7 de noviembre de 2011

La patria ya es de todos

¡Y a mí que carajos me importa

Que la patria ya sea de todos!

si en la calle sigo viendo niños solución

mascullando su hambre ancestral.


Cholos, montubios, negros e indios

todos separados por su identidad:

canoa, caballo, marimba, anaco;

todos unidos en la miseria del olvido.


hasta las putas,

desean que su fruto desgastado sea devorado

ya que hasta el amor se ha puesto caro.


¡Y a mí que carajos me importa

que la patria ya sea de todos!

seguiré camellando con tesón

para que nadie me menosprecie,

para que nadie se crea mi dueño,

para que nadie me joda más claro.